Las personas con discapacidad intelectual tienen derecho a la educación como cualquier otra persona. Sin embargo, sabemos que el sistema escolar es uno de los contextos en los que actualmente vemos más barreras para su participación. La entrega de apoyos y adecuaciones desde los primeros niveles y hasta la educación superior serán fundamentales no solo para lograr la inclusión en estos espacios, sino de manera más importante, para favorecer su aprendizaje. En este sentido, es importante tener presente que las personas con discapacidad intelectual pueden aprender a leer, escribir y realizar operaciones matemáticas, así como acceder a los demás contenidos escolares, siempre y cuando se brinden los apoyos que cada una necesita.

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Los bebés con condiciones del desarrollo pueden asistir a sala cuna o al jardín como cualquier otro niño y la edad a la que lo hagan dependerá del contexto y necesidades de cada familia. En algunas ocasiones, cuando el bebé presenta una condición que puede ser identificada al nacimiento, es común que las familias busquen el apoyo de instituciones en las que recibirán servicios de atención temprana y estimulación, por lo que el ingreso al sistema “formal” puede posponerse. Más allá del espacio en el que se reciban estos apoyos, es importante que los bebés puedan participar de espacios en donde se relacionen con otros niños de su edad y cuenten con estimulación y apresto.

Una preocupación que puede surgir cuando el bebé tiene una condición médica es si puede o no asistir al jardín. En estas situaciones es importante apoyarse del equipo médico y tomar la decisión de manera informada, cuidando siempre el bienestar y la salud del bebé. Además, es importante mantener la comunicación entre el jardín, la familia y el equipo médico de manera que se entreguen todas las atenciones y cuidados necesarios.