La autorregulación usualmente es entendida como la habilidad para controlar nuestro comportamiento y modular nuestras propias emociones, es decir expresarlas de una manera adecuada a la situación y al contexto. Respecto a la autorregulación emocional es importante tener presente que ésta no se trata de no sentir emociones frente a las situaciones (agradables o no) que experimentamos día a día, sino de ser capaces con esa emoción, de comportarnos de una manera que nos permita relacionarnos bien con otros, cumplir las reglas sociales y que la emoción cumpla su objetivo. En este sentido, todas las emociones son aceptables (no hay emociones “buenas” y “malas”).

La investigación muestra que las personas que logran regularse mejor tienen menos probabilidades de desarrollar problemas de salud mental, tienen un mejor desempeño en contextos escolares y laborales y se relacionan mejor con otras personas a lo largo de la vida.

La autorregulación es una habilidad que depende de las funciones ejecutivas y que se desarrolla a medida que nuestro cerebro madura y que vamos aprendiendo estrategias para controlar nuestras emociones y comportamiento, mientras aprendemos las normas de nuestra cultura. Uno de los factores más importantes para este desarrollo es la relación que establecemos con otras personas y especialmente, con nuestros padres y cuidadores, quienes son los modelos más importantes de quienes aprendemos a regularnos.

Las personas con discapacidad intelectual y otras condiciones del desarrollo con frecuencia presentan dificultades para regular su comportamiento y este es uno de los factores que más dificulta su inclusión y participación social en distintos contextos. Estas dificultades no son inherentes a la discapacidad intelectual, sino que se relacionan con las diferencias en las exigencias y oportunidades que se les entregan. Por esto es importante que estemos atentos a promover oportunidades y experiencias que favorezcan su desarrollo a lo largo de la vida, en particular en los contextos de cuidado y acompañamiento.

Baumeister, R.F. & Vohs, K.D. (Eds.). Handbook of self-regulation: Research, theory, and applications. The Guilford Press.
Dennis, T. (2006). Emotional self-regulation in preschoolers: The interplay of child approach reactivity, parenting, and control capacities. Developmental psychology, 42(1), 84.
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¿Cómo se observa en esta edad?

Aunque no lo parezca, los bebés utilizan estrategias para regular su comportamiento y emociones desde muy temprano en el desarrollo, aunque dependen del apoyo y el acompañamiento de los adultos significativos de manera importante. Antes de los 3 meses los bebés utilizan algunas estrategias para tranquilizarse que consideramos innatas, como chupetear y hacer algunos movimientos simples como mirar para otro lado. Además, utilizan el llanto como una manera de llamar la atención del adulto para expresar que no están bien. A partir de los 3 meses vemos cómo rápidamente van apareciendo comportamientos que nos indican que el bebé está realizando acciones intencionadas, por ejemplo, cuando algo no les gusta se alejan, buscan la mirada de los adultos significativos, señalan cuando algo les interesa, toman los objetos de manera intencionada y buscan consuelo (por ejemplo, levantando los brazos hacia el adulto) cuando sienten una emoción intensa. Alrededor de los dos años, con el desarrollo del lenguaje, empiezan a pedir ayuda de manera más directa y a nombrar las emociones, habilidades que serán muy importantes para el desarrollo de la autorregulación tanto en los niños con desarrollo típico como en aquellos que presentan alguna condición del desarrollo.

 

¿Cómo se puede favorecer o estimular?

Durante estos primeros años es muy importante el soporte emocional y del comportamiento que entreguen al bebé los adultos significativos, por lo que para favorecer el desarrollo de la autorregulación puedes:

  • Estar atento a las señales del bebé que indican que algo le molesta o que necesita algo. Si el bebé tiene una condición del desarrollo a veces es difícil leer estas señales, por lo que es importante prestar atención a sus movimientos y vocalizaciones, no solo al llanto.
  • Consolar al bebé mientras le explicamos lo que le pasa (por ejemplo: “estás cansado y quieres dormir” o “te asustaste con ese ruido fuerte”) le ayudará a ir asociando las sensaciones físicas y las situaciones con las emociones, así como a nombrarlas.
  • Desde temprano, implementa un sistema de comunicación como el baby signs o un tablero de comunicación. Ser capaz de comunicar lo que sentimos y necesitamos es muy importante para el desarrollo de la autorregulación.
  • En los primeros tres años suelen aparecer las tan temidas pataletas. En estas situaciones de desregulación emocional es importante recordar que es esperable que las pataletas aparezcan en el desarrollo y que son una oportunidad para enseñarle al niño o niña  lo que es aceptable o no de su comportamiento. 
  • Autorregular las propias emociones y comportamientos cuando estamos con el bebé es tal vez la manera más importante de promover su autorregulación. Con los adultos como modelos los niños y niñas aprenden que está bien sentir emociones, algunas estrategias útiles para regularlas y para resolver problemas, así como los comportamientos que son adecuados frente a las dificultades.