La salud mental ha sido definida por la Organización Mundial de la Salud como un estado de bienestar mental que permite a las personas hacer frente a las situaciones estresantes de la vida, desarrollar sus habilidades, aprender y trabajar adecuadamente, y contribuir a su comunidad. La salud mental es un derecho humano básico central para nuestra salud y bienestar, necesario para tomar decisiones y relacionarnos con otros. Una buena salud mental no sólo es entonces la ausencia de una enfermedad mental, sino la capacidad de participar plena y significativamente en la comunidad, así como de superar barreras y obstáculos.

Hay muchos factores, tanto biológicos como ambientales, que impactan la salud mental y que nos hacen más vulnerables o nos protegen frente a dificultades en esta área a lo largo de la vida. En cuanto a los factores protectores destacan las interacciones sociales positivas, la educación de calidad, vivir en un ambiente seguro, las oportunidades laborales y contar con apoyo social.

Las personas con discapacidad intelectual presentan dificultades de salud mental en una tasa mayor que las personas con desarrollo típico. Algunas investigaciones han mostrado que entre un 30 y un 50% de las personas con discapacidad intelectual de todas las edades presenta alguna dificultad de salud mental, una tasa que duplica la reportada en la población con desarrollo típico. Las condiciones de salud mental tienen un impacto en el funcionamiento adaptativo de la persona y, en consecuencia, dificultan el desarrollo social y la participación e inclusión social.

Es importante tener presente que con frecuencia las condiciones de salud mental no son correctamente identificadas en las personas con discapacidad intelectual o la identificación se hace de manera tardía, especialmente cuando los profesionales de salud mental no están formados en discapacidad intelectual y otras condiciones del desarrollo. 

Por otro lado, la manera en que se observan los síntomas de salud mental puede ser distinta en las personas con discapacidad intelectual, especialmente en aquellas que tienen más necesidades de apoyo, por lo que existen manuales diagnósticos adaptados para facilitar los procesos de identificación, aunque en Chile su uso aún no es frecuente. Es fundamental entonces que las personas que acompañamos a alguien con discapacidad intelectual estemos atentos a señales que pueden alertar para buscar ayuda a tiempo.

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¿Cómo se puede favorecer o estimular?

Tal vez la mejor manera de promover la salud mental en los bebés es a través de sus padres y cuidadores primarios. El desarrollo de vínculos sanos con sus cuidadores y proveer un ambiente seguro en el que el niño se desarrolle, han demostrado ser factores protectores para la salud mental a lo largo de la vida. Para esto es importante que los cuidadores cuenten también con una buena salud mental, para lo que las políticas públicas y el acceso a servicios que acompañen a las familias en la crianza de los niños es fundamental. Este apoyo a las familias es especialmente relevante cuando el bebé tiene una condición de riesgo para el neurodesarrollo. La investigación ha mostrado niveles de estrés elevados en estas familias asociados al estigma social al que se enfrentan, al desconocimiento y poca información que reciben acerca de las condiciones del neurodesarrollo, temores y prejuicios. Estos niveles de estrés elevados pueden afectar la salud mental de los padres y por consiguiente, su habilidad para brindar un ambiente seguro y contenedor, con experiencias positivas y enriquecidas, que favorezcan el bienestar del bebé y su desarrollo.